26 Ene
2016

#makingamurderer ¿Hype o necesaria revolución social?

#makingamurderer ¿Hype o necesaria revolución social?

[AVISO  SPOILERS: te vas a encontrar spoilers sobre The Jinx y sobretodo, de Making a Murderer.  Si lo tienes en cola en Netflix o Yomvy y aún no has podido verlo, vuelve cuando lo hayas hecho. Si ya lo has visto o te da lo mismo, estás en el sitio adecuado.]

Los que me conocéis un poquito sabéis de mi faceta cinéfila/seriéfila y los que me conocéis aún más a fondo sabéis que siempre me ha gustado todo lo relacionado con la criminología. Si encima unimos las dos cosas, me tenéis enganchada de por vida. Ya hablé un poco sobre la ficción con mi post sobre #NovelaNegra, pero hoy voy mucho más allá porque hablamos de la vida real. Y esta realidad se ha visto amplificada últimamente de una manera espectacular gracias a  Internet y a las Redes Sociales.

Con la globalización de Internet y el poder acceder a contenidos en streaming y a materiales de cualquier parte del mundo este tipo de casos sobre crímenes han aumentado su base de fans.  Parece que se está poniendo de moda hacer documentales serializados de crímenes actuales como en los casos de The Jinx y Making a Murderer. Me voy a centrar en éste último aunque haré referencias al primero (si queréis saber más sobre The Jinx podéis leer el post del diario Público y podéis verlo en Movistar+ y Yomvi, recomendado 100%).

¿Por qué nos atraen este tipo de programas?

  • Por un lado porque es muy difícil no posicionarnos ante un caso de asesinato. Como espectadores asimilamos la información de los distintos capítulos y nos vamos formando una opinión, opinión que, no olvidemos, está influenciada por nuestras vivencias que hacen que reaccionemos ante los hechos de una determinada manera. Nunca empezamos desde cero, incluso a un nivel subconsciente diferentes elementos de la trama o de los personajes que aparecen ante nuestros ojos nos hacen decantar por uno u otro lado e incluso cambiar de opinión a medida que avanza la serie.
  • Por otro lado, la gran mayoría tenemos ese punto “Sherlock Holmes”  que nos empuja a intentar adivinar qué ha pasado. Y aún más, en el fondo todos queremos tener razón y gritarla a los cuatro vientos. Por ello, el debatirlo después lo hace aún más atrayente. Hoy en día gracias a las apps de #SocialTV como TVShow Time nuestra  audiencia pasa, de nuestra  familia y amigos, a usuarios de todo el mundo conectados a través de la app.

EL CASO MAKING A MURDERER (NETFLIX)

El primer episodio de la serie puede encontrarse en Youtube y se puede ver completa en Netflix.
Es un documental creado y dirigido por Laura Ricciardi y Moira Demos, dos estudiantes de cine que leyeron sobre el caso en el diario The New York Times y decidieron instalarse en Wisconsin para documentar la historia. 10 años después, tenían más de 700 horas de metraje con entrevistas, conversaciones telefónicas, vídeos de los juicios y de los interrogatorios policiales.

Este caso tiene un planteamiento muy directo. Si bien The Jinx nos acercaba a la vida de Robert Durst , miembro de una influyente y multimillonaria familia neoyorquina, que durante muchos años fue sospechoso  en la investigación de tres asesinatos;  Making a Murderer es diferente. Estamos ante  un documental que pretende dejar en evidencia las lagunas del sistema judicial americano. Y lo consigue pero ¿a costa de qué?

El caso: en 1985 Steven Avery es condenado por asalto sexual a una sentencia de 35 años. Cuando ha cumplido 18 años, una evidencia de ADN (analizado con metodologías avanzadas de las que no se disponía en el primer juicio) le exonera  del crimen y pasa de asesino a héroe local debido al error cometido y la injusticia que supone. Cuando se decide a denunciar al condado por 36 millones de dólares, es acusado de nuevo por la misma policía del condado de Manitowoc, esta vez del asesinato de una joven llamada Teresa Halbach, una fotógrafa de 25 años que había estado en su propiedad (un vertedero de coches) para hacer unas fotos de una furgoneta.  Posteriormente son encontrados sus restos calcinados en la misma propiedad y la investigación acaba involucrando y juzgando también a su sobrino Brendan Dassey como cómplice.

Es una premisa clara. Un hombre inocente que ha pasado años en la cárcel injustamente es acusado de un crimen años después. A medida que pasan los 10 capítulos y se analiza la investigación más a fondo, la cosa se empieza a complicar mostrando un caso muy mal llevado y una policía y un fiscal del distrito con actividades cuando menos sospechosas (como se acaba viendo en el último capítulo). Además, podríamos preguntarnos: ¿puede un jurado ser lo suficientemente objetivo en un caso como éste, en el que el acusado ha estado en todos los diarios y televisiones de Estados Unidos debido a su primera acusación? Si Robert Durst es un millonario egocéntrico que se cree mejor que nadie y que se puede salvar de todo por el mero hecho de tener dinero, tanto Avery como Dassey son personas de clase social baja, de un pueblecito pequeño en Wisconsin y con un cociente intelectual borderline, lo que incrementa la sensación de que estamos ante una injusticia.

Netflix ha tirado la casa por la ventana en su promoción. Además de permitir ver el primer capítulo en abierto (sabedores de que una vez que entras en la trama te han enganchado los diez capítulos), han creado perfiles oficiales en Twitter, Facebook e Instagram que mantienen activos mientras existe “buzz” y podemos insertar el hashtag en Twitter  e Instagram para seguir las conversaciones sociales que genera a diario.

Es curioso ver como los dos casos están entrelazados para la opinión pública (hasta el punto de que la emisión de Making a Murderer ha relanzado a la fama a The Jinx), aunque no tengan el mismo planteamiento.  En el caso de The Jinx, existen muchas opiniones online, se ha escrito mucho sobre el caso, pero no ha influido en él de una manera directa. Con Making a Murderer no asistimos sólo a comentarios en redes sociales y blogs sino que el público se ha involucrado de una manera especial, llegando a iniciar una petición de libertad en Change y en We the people, que ha conseguido  respuesta de la misma Casa Blanca.  Si bien no se ha conseguido que se vuelva a hacer un juicio ni nada por el estilo, por lo menos ha permitido que el Presidente de los EEUU tenga presente  el caso y que Kathleen Zellner, según califica el Independent, “la mejor abogada de apelaciones de Estados Unidos” se haga cargo del mismo ahora.

También  se ha abierto una cuenta en Twitter llamada @FreeStevenAvery y su familia ha creado un grupo de apoyo en Facebook , llamado Justice For: Steven Avery and Brendan Dassey (debes estar logueado para verlo ya que est un grupo cerrado), con más de 54.500 miembros a día de hoy que reivindican que no han tenido un juicio justo, cuya web está en construcción.

justice for avery and dassey

Algunas consideraciones y preguntas finales

Si ya de por sí nos gusta posicionarnos en un lado, en este documental es imposible no tomar partido a favor o en contra de los acusados. El principal problema que tenemos como espectadores es que nos estamos guiando por lo que nos están dejando ver (obviamente). Ninguno de nosotros ha vivido los asesinatos en mayor o menor medida, ni ha tenido acceso al grueso de las pruebas en el momento del juicio. Nos guiamos por la información que los directores nos están proporcionando… en el momento en el que ellos nos la quieren proporcionar, por lo que existe siempre cierto grado de manipulación que hace que nunca acabemos de estar del todo convencidos de si es un brutal trabajo de investigación o no o es más un ejercicio de marketing cinematográfico para vender el programa, o ambos.

Por ejemplo, asistimos angustiados a los vídeos de los interrogatorios a Brendan Dassey, sin la presencia de un adulto y totalmente manipulados hasta que dice lo que quieren oír.  En el juicio, no se muestra al jurado la parte más incriminatoria de los vídeos. Tampoco se explica por qué cuando el jurado empieza a deliberar están a favor de un veredicto de inocencia en una proporción abrumadora como le dice uno de los abogados a la familia, y al final aparece un veredicto unánime de culpabilidad sin que nadie pregunte qué ha pasado. Hay muchas lagunas también en el documental. Es verdad que son 10 horas y las directoras tienen tanto metraje que es necesario hacer una criba del material (por lo tanto, sujeto a manipulación más o menos insconsciente) pero hay muchas cosas que no quedan claras, por lo que nos quedamos sin  saber si es aposta o es porque se quedaron sin resolver.

Algunas preguntas que me surgen:

  • ¿Y si todo este movimiento social consigue por ejemplo que Steve Avery y Brendan Dassey salgan libres y en realidad son culpables? ¿Y si aprovechando el momento (y dado que no tiene muchas luces) pensó que también saldría bien parado del asesinato?
  • ¿Por qué nos estamos olvidando de que hay una joven que ha fallecido asesinada brutalmente? ¿Y su familia? No sólo eso, existen multitud de teorías en internet sobre quienes pueden ser los verdaderos culpables del asesinato… ¿y las personas a las que se acusa en estas teorías? Existe hasta un Reddit en el que te puedes perder durante días, en serio,no lo intentéis 😉
  • ¿Es bueno  que la opinión pública se involucre en este tipo de casos? Si son inocentes y realmente hay detrás algún tipo de conspiración, indudablemente el revuelo habrá servido para ayudar a una persona. Pero ¿y los miles de casos de los que no se hacen eco? ¿entra en nuestro terreno involucrarnos?

No creo que dispongamos de la suficiente información como para emitir un juicio medianamente informado… ni que estemos preparados para darlo. Sí, podemos  acceder a los materiales del juicio de manera online pero eso no nos capacita para nada más que para leerlo (por cierto materiales que han subido personas ajenas al juicio y a la familia mediante crowdfunding, imaginad hasta qué punto hemos llegado). Lo que sí provoca es un incremento de teorías online y una impresionante mancha en la imagen de la policía de Manitowoc.  Una cosa es que emitamos opiniones, podemos escribir en nuestras redes sociales, hacer posts hablando de los casos, etc… pero ¿hasta dónde podemos o no podemos llegar? ¿hasta dónde DEBEMOS o no llegar?

Por el momento no sé si serán culpables o no, lo único que me queda claro es que estamos creando estrellas mediáticas entre  los abogados y directores de los documentales, que son los que salen más beneficiados. Indudablemente las redes sociales e internet nos están dotando de un poder que antes no teníamos, lo hemos hablado muchas veces. Y ese poder en muchas ocasiones ha ayudado a movilizar a la gente y ha servido para ayudar a muchos.  Y si se revisa el caso y se consigue demostrar que ha habido conspiración por parte de la policía y, sobretodo, se castiga al verdadero culpable en caso de que no sea Steven Avery, esta revolución social habrá servido para algo.  Sin embargo, estamos hablando de la vida de muchas personas involucradas, no sólo de la de los dos acusados. No sé hasta qué punto puede llegar a ser beneficioso o perjudicial. Repito, somos muy rápidos haciendo acusaciones y construyendo teorías, pero no sé si estamos abusando del poder social que tenemos como grupo.

Por el momento no se descarta que haya segunda temporada ya que material hay y cada día salen noticias nuevas sobre el caso. No me cabe duda de que si al final termina haciéndose tendrá la misma viralidad que el primero, pero ¿es simplemente hype o es necesaria una revolución social que muestre los problemas de la justicia americana?

¿Qué opináis? Se abren las apuestas…

@trapinapi

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Psicóloga orientada al Retail y Trade Marketing para distintos sectores, mayormente el farmacéutico. Actualmente en el sector de la formación, escribo sobre Retail, Social TV, Redes Sociales ... siempre con el marketing como nexo. Cinéfila y seriéfila 2.0 😉
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